Combatiendo la queja.

Los afanes de este mundo, la rapidez de la información y el corazón inclinado al mal, hacen que la queja se haga presente y se convierta en algo tan natural, donde muchas  veces olvidamos que es un pecado.

Estamos en una sociedad que siente que merece todo lo bueno y sin duda esa actitud también llega a los cristianos que entonces sienten el derecho también a quejarse por diferentes circunstancias que se le presentan.

La queja la podemos definir como “expresar nuestro descontento por medio de palabras” Ahora si lo miramos de una forma más profunda  para el cristiano es demostrar descontento hacia Dios.

Cuando pasamos por el Antiguo Testamento  encontramos un pasaje que nos ilustra de manera más clara este tema de la queja. 

Éxodo 17:1-7, nos relata como los israelitas, justo después de haber visto la liberación de Dios de los egipcios y de ver el milagro del maná del cielo, se quejaron por falta de agua. El pasaje nos muestra que la queja, aunque fue dirigida a Moisés, era en realidad una expresión de descontento con Dios “Y altercó el pueblo con Moisés, y dijeron: Danos agua para que bebamos. Y Moisés les dijo: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué tentáis a Jehová?” (Éx. 17:2 RV60).

La queja y la murmuración entonces son una señal de un corazón que no está agradecido y que esta expresando descontento por su situación.

Frente a este panorama de la facilidad para quejarnos, es importante recordar que el Evangelio tiene respuesta a nuestra situación.

  1. El Evangelio nos recuerda que la Salvación fue concedida por pura gracia y que lo único que merecíamos por nuestro pecado era el infierno.
  2. El evangelio nos recuerda que las malas noticias pasaron ( antes éramos enemigos de Dios)
  3. El evangelio nos recuerda que en Cristo todo obra para bien.
  4. El evangelio nos recuerda que debemos despojarnos de toda contaminación y en Cristo podemos combatir este pecado.
  5. El evangelio nos recuerda que si hemos cometido este pecado, debemos confesarlo y acudir a Cristo.
  6. El evangelio nos recuerda que debemos ser agradecidos con lo que tenemos.
  7. El evangelio nos recuerda que el cristiano tiene esperanza y que un día su lucha con su lengua terminará porque estará en la presencia del Señor.

Que el Señor nos ayude a tener siempre presente lo compasivo y abundante de su misericordia y así combatir la queja.

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